viernes, mayo 15

Comunicados y mentiras de liberados que votan en contra de despedidos

El texto difundido por la sección sindical de Comisiones Obreras no es más que un ejercicio de cinismo institucional y un catálogo de medias verdades elaborado para justificar la inacción, el pactismo y la renuncia a la defensa colectiva. Calificar los despidos de “asuntos personales y confidenciales” no es prudencia sindical: es asumir el discurso de la empresa. Cuando la patronal utiliza el despido como herramienta de represalia, disciplinamiento o desgaste, el conflicto deja de ser privado y se convierte en un ataque directo a toda la plantilla. Quien lo oculta, lo normaliza.


Hablan de 2013
como si fuera un capítulo archivado, pero conviene recordarlo con exactitud: aquel año se despidió a 153 trabajadores de un golpe. No fueron las “gestiones discretas”, ni los escritos de turno, ni la “prudente” presencia en despachos los que los devolvieron a sus puestos. Fue la movilización. Fue la huelga. Fue la solidaridad de una plantilla que comprendió que la única moneda de cambio frente a la empresa es la fuerza colectiva. Y hoy, esa misma fuerza se ve traicionada desde dentro. Dos de aquellos compañeros que recuperaron su empleo gracias al apoyo incondicional de la plantilla, y entre cuyos defensores se encontraba el trabajador ahora despedido, han votado en contra de apoyar con paros a quien hoy sufre el mismo ataque. ¿Esto es democracia sindical o es cobardía institucionalizada? Un sindicato que permite que el miedo, el cálculo electoral o la comodidad burocrática se impongan sobre la defensa del compañero, ha dejado de ser sindicato para convertirse en gestoría.

No nos vengan con lecciones sobre “defender a los más de 1.300 trabajadores” mientras se niegan a convocar medidas de presión cuando más se necesitan. Los juzgados, la inspección y los recursos administrativos son herramientas, no coartadas para la pasividad. La historia del movimiento obrero no se escribió en despachos ni en comunicados conciliadores; se escribió en la calle, con paros, con asambleas soberanas y con la voz alta de quienes no aceptan que el derecho a trabajar se negocie en silencio.

La sección que firma este comunicado prefiere el aplauso institucional antes que el conflicto necesario. Ironizan sobre que SATTRA “da alas a la empresa”, cuando lo único que da alas a la patronal es la división, la desmovilización y la complicidad de quienes miran para otro lado mientras un compañero pierde su sustento y su dignidad. El comité de empresa no es un club de élites, deje de estar liberado, trabaje, que se autorregula ni un escudo para proteger carreras delegadas; es un mandato de la base. Y cuando ese mandato se traiciona, la respuesta no será un texto de lamentos, será la movilización.


Seguiremos exigiendo paros, asambleas y defensa real. No venderemos la lucha por una foto institucional ni callaremos por “prudencia”. La solidaridad no se vota en contra cuando nos conviene; se ejerce siempre, o se pierde para siempre. El compañero despedido no está solo. Y mientras haya trabajadores dispuestos a recordar que la fuerza está en la plantilla y no en los despachos, seguiremos plantando cara.

¡Ni un despido más sin respuesta colectiva! ¡La lucha sigue!

SATTRA - Información | Documento original | Imagen - Agencia social Sattra