Son cifras alarmantes, que lejos de reducirse se incrementan año tras año. Y el problema ya no es solo la realización de horas extras, sino que hay compañeros y compañeras que están doblando servicio, llegando a trabajar hasta 16 horas. La situación es insostenible y evidencia una necesidad clara: una contratación masiva, y no limitarse a cubrir con cuentagotas las jubilaciones que se producen.
El resto de los puntos tratados son, por desgracia, los habituales en todos los comités: baches sin reparar, paradas y marquesinas en mal estado, cursos de formación desfavorables, el estado lamentable de las cocheras, etc. Problemas conocidos, reiterados y cronificados. A petición de UGT que insiste en el art.20 del comité de empresa, ya aprobado anteriormente por los amarillos (que consiste en delegar el voto en otro miembro y así no tener ni tan siquiera que asistir a los plenos del comité de empresa).
Tanto SATTRA como CUT hemos vuelto a llevar el punto de paros. Una vez más, y ya por tercer mes consecutivo, el resto de las secciones sindicales vota en contra.
A los motivos ya expuestos en meses anteriores (y que siguen lejos de solucionarse) hay que añadir nuevos hechos recientes que agravan aún más la situación.
Los horarios de obras no están ni se les espera, pero parece que para algunos la mayor preocupación es advertir al Ayuntamiento de que, si un autobús sale con el CUBE dañado, no puede recaudar ni expedir billetes.
Mientras tanto, todos somos conscientes de la realidad: los autobuses no salen en condiciones, hay trabajadores doblando turnos, no existen horarios de obras, se nos ha hecho repetir la solicitud de FPAS sin que la empresa haya aportado ninguna solución, y aun así no pasa nada. Según algunos, nunca es el momento.
VALORACIÓN
Este pleno no ha sido un debate: ha sido un espejo. Un espejo que refleja con crudeza la desidia institucionalizada, la normalización de lo inaceptable y la complicidad encubierta de quienes deberían velar por las condiciones laborales y la seguridad de las personas que hacen posible que este servicio funcione.
Hablamos de 66.317 horas extraordinarias en 2025 —un 33% más que el año anterior—. No son cifras abstractas. Detrás de cada hora extra hay un cuerpo agotado, una familia a la que se le roba tiempo, un riesgo añadido en la carretera o en la cochera. Y cuando decimos que hay compañeros trabajando hasta 16 horas seguidas, no estamos exagerando: estamos denunciando una situación límite que pone en peligro vidas. ¿Y qué hace la empresa? Nada. O peor: sigue cubriendo jubilaciones “con cuentagotas”, como si contratar personal dignamente fuera un gasto innecesario en vez de una obligación ética y legal.
Pero el problema no termina ahí. Las infraestructuras se desmoronan: baches sin reparar, marquesinas rotas, cocheras en ruinas, y mientras tanto, nos quieren hacer creer que lo urgente es que un autobús con el CUBE dañado no pueda cobrar. ¡Como si la prioridad fuera el ticket y no la persona! ¿De qué sirve recaudar si los vehículos no salen en condiciones seguras? ¿De qué sirve un sistema de billetaje si los conductores están al borde del colapso físico?
Y en medio de todo esto, hay quien prefiere delegar su voto y no aparecer ni en los plenos. Esa actitud —amparada en un artículo del comité que se ha convertido en coartada para la ausencia— no es neutralidad: es abandono. Es traicionar el mandato de representación que los trabajadores les otorgaron. No se puede defender lo indefendible, pero sí se puede callar cómodamente mientras otros luchan.
Tampoco es menor el hecho de que, por tercer mes consecutivo, SATTRA y CUT propongamos paros y el resto de las secciones sindicales sigan bloqueando cualquier medida de presión real. ¿Cuánto más tenemos que esperar? ¿Hasta que ocurra un accidente evitable? ¿Hasta que alguien no regrese a casa? Los motivos ya expuestos en meses anteriores siguen sin resolverse, y ahora se suman nuevas negligencias. Pero para algunos, “nunca es el momento”.
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