Mes a mes se tratan prácticamente más asuntos pendientes que cuestiones nuevas, ya que muchos problemas nunca terminan de resolverse. En algunos casos porque la empresa da largas constantemente y, en otros, porque las soluciones se eternizan.
Por poner algunos ejemplos, seguimos aún pendientes de los vinilos de los autobuses Volvo, que llevamos meses reclamando. También continúa sin solucionarse la puerta del taller, que según la empresa iba a arreglarse en unos cuatro meses… plazo que ya se ha cumplido sin que haya ningún cambio.
Lo mismo ocurre con las goteras del taller, que la empresa dice seguir revisando, a pesar de que ya hubo una visita del inspector de trabajo, con su correspondiente informe y resolución tras la denuncia presentada por SATTRA ante la Inspección de Trabajo.
Otro caso es el de la silla salvaescaleras, también denunciada por SATTRA ante la Inspección de Trabajo, que después de muchos meses instalada sigue sin estar operativa. Y podríamos seguir con un largo etcétera.
Cuando la mayoría del comité no está por la labor de presionar a la empresa (porque, según parece, nunca es el momento) el resultado es evidente: la empresa tampoco tiene prisa por solucionar nada.
A esto hay que añadir la actuación del presidente del comité, que durante la reunión recriminó a otra sección sindical por plantear puntos propios. Resulta llamativo que la empresa, que es quien tiene que responder, se mostrara dispuesta a tratarlos, mientras que el propio presidente del comité intentaba impedirlo. Nos parece una actitud sencillamente bochornosa.
Finalmente, la empresa no puso ninguna objeción a tratar esos asuntos, que se abordaron al finalizar la reunión con el presidente fuera de la sala.
Un ejemplo más del tipo de sindicalismo clientelar que practican algunos sindicatos que, paradójicamente, se autodenominan “de clase”.
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