Esta cita ya fue postergada dos veces. Convocada inicialmente para el 4 de noviembre por la Directora de Contrato, fue cancelada a propuesta del área de Movilidad. Se reprogramó para el día 11… pero ni siquiera se presentaron. Hoy, nos citan casi por obligación, sin planificación, sin respeto y con evidente desgana.
La reunión comenzó con retraso —el aula 1 del Seminario estaba ocupada; ni siquiera previeron dónde íbamos a reunirnos— y se despachó en menos de 30 minutos, como si fuera una trámite molesto que hay que cumplir y olvidar. Nos dieron “disculpas” vagas, susurradas, por tanta chapuza en la convocatoria, sin asumir responsabilidades reales.
¿Qué nos dijeron, en esencia?
- Los aseos de Peñaflor y Calle Consuelda siguen sin solución: “pendientes de informe”.
- Han asfaltado Valle de Oza y Valdefierro, sí… pero solo tras la insistencia del Comité de Empresa.
- Han limpiado y desinfectado el entorno de cocheras y cambiado algunos nombres de paradas, como las de Paseo Echegaray–Plaza del Pilar (Ci3) y Hispanidad–Seminario.
- Han descartado la plataforma del terminal de Miralbueno y suprimido la parada de Calle Etopía, pese al esfuerzo colectivo invertido en su implantación. Ahora, “hay que esperar informes”.
- Respecto a las obras que afectan a las líneas: sí reconocen que hay problemas… pero “no dará tiempo” a elaborar horarios alternativos. No habrá cuadros de marcha para obras. Punto.
Además:
- Rodrigo Rebolledo será asfaltado.
- La parada de la línea 28, que estaba literalmente en el suelo, ha sido reparada.
- Pero no pueden —o no quieren— reubicar la parada de San José nº34, ni retirar las balizas de obra en Avenida César Augusto, aunque la línea 34 recorre toda la avenida y las balizas generan riesgos claros.
Lo más grave: cuando planteamos la supresión temporal de paradas peligrosas por obras, el técnico del Ayuntamiento ha respondió con desdén: “No se va a suprimir una parada porque lo diga un conductor”. Le recordamos que la seguridad no es una opinión: es una obligación legal. Pero desde el Ayuntamiento, en vez de apoyarla, se lavan las manos.
Esta no es una reunión de diálogo: es un teatro de la indolencia.
Donde antes asistían el Director de la empresa y el Jefe de Técnicos —y donde se generaba presión real para resolver problemas— ahora mandan subalternos a cumplir el trámite y a “pasar la boleta”.
Y mientras tanto, nosotros seguimos expuestos: conduciendo rutas con paradas en obras, sin horarios alternativos, sin condiciones mínimas de seguridad… mientras empresa y Ayuntamiento firman convenios, hacen declaraciones grandilocuentes y nos miran con fastidio.
Peor aún: han propuesto que la próxima reunión sea el 22 de enero, tras las fiestas navideñas y tras casi dos meses de silencio. ¿Para qué? ¿Para escuchar más excusas?
¿Dónde quedó el respeto? ¿Dónde quedó el compromiso con el transporte público como servicio esencial?.
Lo que hoy ha ocurrido no es solo una negligencia técnica. Es un mensaje claro: a quienes nos jugamos la piel cada día en los autobuses, no nos consideran parte de la solución. Ni siquiera nos consideran personas.
Pero nosotras y nosotros no tragamos más.
Mientras siga habiendo quienes se callan, quienes firman lo que les pongan y quienes “gestionan” desde la comodidad de una oficina sin pisar un bus… nosotros seguiremos alzando la voz. Porque el transporte público no se sostiene con informes ni con burocracia: se sostiene con el trabajo, el esfuerzo y la dignidad de quienes lo hacemos posible.
¡Y esa dignidad no se negocia!
¡Y esa dignidad no se negocia!
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